martes, 25 de octubre de 2011
No todo depende ser humano.
El ser humano ha conseguido volar, crear armas nucleares, mover civilizaciones enteras hacia la guerra, y luego frenarlo todo, reaccionar y hacer que nos sintamos unidos de nuevo. Pero hay algo que parece que se le viene grande, y eso son los sentimientos. Algo que parece ser tan simple como querer o no querer a algo instintivamente se nos escapa de las manos.
El ser humano, desde tiempos prehistóricos ha tenido la necesidad vital de creer en un ser superior para dar sentido a su existencia, llevándolo a un punto de simple creencia hasta el ser una forma de vida. Nadie es absolutamente ateo, nos viene de serie pensar eso.
Por otro lado, al primer instante de nacer, de salir del útero materno ya tenemos la unión con nuestra madre, y viceversa.
El cariño, el afecto, y el amor es algo que se nos va desarrollando cual vamos creciendo, sin tener medida exacta con cada edad.
No podemos controlarlo, un día, cuando menos te lo esperas, te das cuenta lo muchísimo que harías por tus hermanos, padres, amigos o conocidos.
Con lo cual el mundo se paraliza y mueve, familias rotas que quieren volver a reencontrarse, situaciones amorosas que se ven distanciadas, y un largo etc.
El amor, por mucho que duela, escueza y a veces nos haga sufrir hasta llevarnos a nuestro abismo oscuro personal es la misma razón por la que hoy estamos aquí.
El amor, es lo mismo que nos da fuerzas para levantarnos un día lluvioso cuando no apetece ir a trabajar, da esperanzas cuando las enfermedad se interpone en nuestro camino, da ilusión cuando hay un objetivo que nos llevará a este propósito con más fuerzas.
Y veces todo a cambio de una simple sonrisa de complicidad, de un abrazo maternal, o de un beso que nos incita a seguir un día más.
jueves, 19 de mayo de 2011
Con dinamita hasta las cejas.
Ha sido algo parecido a.. pasar por un campo de minas, todas cargadas de una combinación letaL, yo ya sabía lo que había, muchísimo antes de incluso entrar. Me dijiste que esta vez no, que no habría ninguna que explotara, pero mentiste. Me sonreíste, miraste a los ojos, me besaste y comenzaste a tirar de mi mano lentamente. Al igual que mentiste en ir a buscarme y arrastrarme hasta aquí, todo se basa en algo; mientes demasiado bien.
Octubre's memories.
Era Octubre, y me encontraba en el interior de un coche, para ser más exactos, el coche de mi hermana, mirando por la ventanilla mientras intentaba desconectarme del mundo simplemente en un impulso.
Pero no funcionaba, ni siquiera mi modo “inercia” me daba el poder de separarme de mi alrededor.
La inercia era el modo que, sin yo pedirlo mi cerebro lo activaba de forma automática. Vivir sin pensar, actuar sin sentido, actuar por pura inercia, hacia donde me llevase el aire en el momento adecuado.
No era bueno, pero tampoco malo. Al menos me mantenía escondida entre una nube gris que no me dejaba ver a mi alrededor. Era una manera de evadir el dolor.
La lluvia caía con intensidad, y la gente se apretujaba bajo los paraguas con apariencia de pánico hacia al frío. Era y es una realidad en Málaga que la gente le teme al frío como un elefante a un triste ratón. Echan de menos el calor de tal modo que, en invierno es complicado ver amontonamiento de gentío sin haber trabajo o deberes irremediables de por medio.
Pero eso nunca ha ido conmigo, el frío era una forma de vida que siempre he querido tener, pero que casi nunca he tenido el placer de disfrutar como en otros lugares de España.
Nunca he escondido mi aversión ante el calor insoportable del verano, cosa que la gentes del lugar no comprendían.
Llevaba los cascos ataviados en las orejas, huyendo de la música romántica y empalagosa del momento que mi hermana siempre ponía en el coche a todo volumen.
Escuchaba Seether, un cantante que había conocido tiempo después de que todo pasara. Era una voz grave que no me recordaba a nada, que no traía ningún tipo de recuerdos a mi mente.
Miré el escaparate de una farmacia, y ví la temperatura que marcaba el termómetro del exterior.
La humedad era algo con lo que ya sabía vivir, ya que no había conocido ningún otro clima de forma temporal, pero que me resultaba incomodo por naturaleza.
En mi mente se agolpaban imágenes sin sentido, de un tiempo pasado en el que pasaba horas riendo con las que por entonces eran mis amigas.
miércoles, 20 de abril de 2011
Mereció la pena.
Las gotas congeladas de lluvia cayendo fluidamente sobre el lago era todo a los que mis oídos podían llegar. Parecía estar tumbada sobre una fría roca, pero no tenía claro lo que era, deslicé los dedos con grandes esfuerzos alrededor de aquella plataforma, pero no parecía ser una piedra, sino un conjunto de piedras y tierra.
Abrir los ojos en aquel momento era como levantar una enorme piedra de 2.000k, así que intenté pensar donde estaba y por qué. Recordé ir en mi coche, a más de 200km/h después de haber salido del cementerio, había tenido que aguantar media hora delante de la tumba de mi amado, de Eric.. quien nunca volvería a casa a la hora de comer.
Sentí como si mi cuerpo se hundiese más en el suelo, tras la capa terrestre tal vez ante la simple idea de aquello.. Era más de lo que podía soportar.
Las gotas se acumulaban en mis párpados lo que me hizo pestañear con rapidez, por primera vez en mi vida, parpadear dolía. Me toqué mi rostro helado con las yemas, y al hacerlo me di cuenta de que mis dedos estaban cubiertos de algo viscoso. Miré mis manos y las encontré impregnadas de sangre. Acto seguido me invadió el mayor dolor físico jamás imaginado. Sentía como si cada una de mis células ardiera, después se congelaran y por último se quebraran para romperse en un millón de pedazos. Me retorcí sobre mí misma, pegando alaridos secos que se quebraban en mi garganta.
No sé cuanto tiempo pasó, no sé a donde fui pero en aquella oscuridad no había dolor, ni siquiera la tristeza de haberle perdido, era simplemente la nada.
Una luz cegadora se colocó ante mí, cerré los ojos con fuerza, pero ella parecía estar dentro de mí de algún modo.
Abrí los ojos, y me encontraba de nuevo sobre la mojada tierra, en aquel bosque a pocos metros del lago. Ya no llovía, pero la humedad permanecía, aunque yo no era capaz de sentirla por completo.
Me levanté con facilidad y entonces pude mirar mi cuerpo.
Mis vaqueros estaban rasgados y dejaban ver millones de arañazos hondos bajo éstos, mi sudadera estaba como rota en dos.
Seguí examinándome con la mirada pero algo llamó mi atención.
Una gran barra de acero sobresalía de mi barriga, tenía una gran barra de acero hincada, atravesándome el tronco. Quise gritar, llorar, retorcerme de nuevo, pero no encontré como hacerlo, no dolía.
La claustrofobia me invadió. Me llevé las manos a la cabeza, con desesperación. Miré hacia todos los lados, intentando encontrar una explicación ante todo aquello.
Y la encontré.
Él estaba allí, mirándome melancólicamente con una pequeña sonrisa, mi sonrisa preferida. Avanzó hasta mí con paso lento para abarcarme entre sus calidos brazos, le correspondí al abrazo. No sé si llegué a llorar, pero en mi interior sentía grandes cascadas ante la sorpresa de tener de nuevo su piel contra la mía. Su olor me invadió y me sentí de nuevo en casa.
-Siento haberte hecho esperar, pero ya estamos juntos de nuevo y esta vez para siempre.. -Susurro estrechándome entre sus brazos. Entonces entendí lo de “para siempre”, hablaba totalmente enserio, estaríamos siempre juntos ahora que ambos nos encontrábamos en el mismo punto.
-Para siempre.. -Concluí mientras besaba su pecho, marcando aquello como el principio del fin.
Hizo un asentimiento y juntos avanzamos hacia la eternidad, donde nuestro amor seguiría siendo amor aunque nuestros cuerpos ya no nos perteneciesen.
Rehabilitación de un corazón. Segunda parte.
Me levanté de aquella cama en la más absoluta oscuridad de la noche.
Mi pecho se agitaba y ardía al mismo tiempo, a la velocidad de la luz.
Los jadeos se apoderaron de mí mientras yo intentaba encontrarme a mí misma. Tanteé el suelo congelado con las manos hasta que encontré el interruptor, encendí el flexo para alumbrar la pequeña habitación.
Giré sobre mí misma un par de veces, intentando hallarme.. pero no me encontraba.
Una gran bola conocida para mí subió hasta mi garganta, empujándome hacia delante. Sabía lo que era eso, las ganas de desaparecer de allí.
Cerré los ojos con fuerzas mientras me apoyaba en la pared, intentando establecer de nuevo mis pensamientos pero se movían tan rápido que no me daba tiempo ni a leer su composición.
Me llevé las manos a la cabeza de forma inconsciente mientras mi corazón me golpeaba con fuerza el pecho hasta el punto en que comenzó a dolerme. Si quería salir de ahí lo iba a tener complicado.
Un pequeño grito es todo lo que salió de mis labios.
10 minutos después me encontraba sentada en una esquina, abrazada a mis propias piernas, mientras la habitación parecía girar alrededor de mí.. o era yo la que giraba, no lo tenía demasiado claro.
Hundí mi cabeza en las rodillas mientras su imagen inexistente me taladraba la cabeza.. como cada día desde hacía meses.
Rehabilitación de un corazón. Primera parte.
¡Qué te vayas!-grité con furia- ¡Desaparece!
Su imagen inerte me miraba desde la otra punta de la sala, con una sonrisa congelada.
Vete.. –mi voz se quebró antes de comenzar a llorar.
Me dejé caer de sobre el frío suelo y me ovillé durante horas en aquél lugar que parecía ser parte de otra galaxia.
Al despertar la luz fluorescente que entraba por las ventanas me cegaba. Me deslicé por el suelo hasta la zona donde aquella luz no entraba con tanta fuerza. Me topé con unos pies.
Sus pies, permanecía allí. Miraba al frente con la mirada fija en la nada mientras sus hoyuelos le daban vida a su rostro.
Asustada y jadeante retrocedí hasta la pared que estaba justo enfrente de mí, me abracé mis piernas y hundí mi rostro en éstas con la esperanza de que ya no estuviera ahí al abrir los ojos. La angustia se apoderó de mi cuerpo. ¿Qué era aquello? ¿Tal vez una broma de mal gusto?
Pero cuando los abrí permanecía allí, de nuevo.
Me acerqué a las ventanas hechas con algo parecido al aluminio, pero transparente que daban al exterior.
Intenté sacar la cabeza, asomarme y descubrí donde me encontraba, pero me di con aquel extraño material en la cabeza, pero al tacto era algo más parecido al plástico.
Los alrededores de aquella fría habitación se movían, o era donde yo me encontraba lo que se desplazaba.
Atónita, intenté descubrir el paisaje raramente familiar.
Todas las respuestas me golpearon la cabeza una detrás de otra.
El lugar por donde la habitación, su figura marmórea al otro lado de la estancia, y yo avanzábamos era el pasillo de mi casa.
Era una parte de mí la que caminaba, ya que la otra estaba dentro.
La gelidez de aquel sitio no era otra cosa que la sensación de mi corazón, en el cual yo estaba encerrada.
Le miré con los ojos empañados de lágrimas, presa de mí misma.
Entonces caí en la cuenta de que nunca se iría ya que él era la persona que seguiría clavada allí por los siglos de los siglos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)