miércoles, 20 de abril de 2011

Mereció la pena.

Las gotas congeladas de lluvia cayendo fluidamente sobre el lago era todo a los que mis oídos podían llegar. Parecía estar tumbada sobre una fría roca, pero no tenía claro lo que era, deslicé los dedos con grandes esfuerzos alrededor de aquella plataforma, pero no parecía ser una piedra, sino un conjunto de piedras y tierra.
 Abrir los ojos en aquel momento era como levantar una enorme piedra de 2.000k, así que intenté pensar donde estaba y por qué. Recordé ir en mi coche, a más de 200km/h después de haber salido del cementerio, había tenido que aguantar media hora delante de la tumba de mi amado, de Eric.. quien nunca volvería a casa a la hora de comer.
Sentí como si mi cuerpo se hundiese más en el suelo, tras la capa terrestre tal vez ante la simple idea de aquello.. Era más de lo que podía soportar.
 Las gotas se acumulaban en mis párpados lo que me hizo pestañear con rapidez, por primera vez en mi vida,  parpadear dolía. Me toqué mi rostro helado con las yemas, y al hacerlo me di cuenta de que mis dedos estaban cubiertos de algo viscoso. Miré mis manos y las encontré impregnadas de sangre. Acto seguido me invadió el mayor dolor físico jamás imaginado. Sentía como si cada una de mis células ardiera, después se congelaran y por último se quebraran para romperse en un millón de pedazos. Me retorcí sobre mí misma, pegando alaridos secos que se quebraban en mi garganta.
No sé cuanto tiempo pasó, no sé a donde fui pero en aquella oscuridad no había dolor, ni siquiera la tristeza de haberle perdido, era simplemente la nada.
Una luz cegadora se colocó ante mí, cerré los ojos con fuerza, pero ella parecía estar dentro de mí de algún modo.
Abrí los ojos, y me encontraba de nuevo sobre la mojada tierra, en aquel bosque a pocos metros del lago. Ya no llovía, pero la humedad permanecía, aunque yo no era capaz de sentirla por completo.
Me levanté con facilidad y entonces pude mirar mi cuerpo.
Mis vaqueros estaban rasgados y dejaban ver millones de arañazos hondos bajo éstos, mi sudadera estaba como rota en dos.
Seguí examinándome con la mirada pero algo llamó mi atención.
Una gran barra de acero sobresalía de mi barriga, tenía una gran barra de acero hincada, atravesándome el tronco. Quise gritar, llorar, retorcerme de nuevo, pero no encontré como hacerlo, no dolía.
La claustrofobia me invadió. Me llevé las manos a la cabeza, con desesperación. Miré hacia todos los lados, intentando encontrar una explicación ante todo aquello.
Y la encontré.
Él estaba allí, mirándome melancólicamente con una pequeña sonrisa, mi sonrisa preferida. Avanzó hasta mí con paso lento para abarcarme entre sus calidos brazos, le correspondí al abrazo. No sé si llegué a llorar, pero en mi interior sentía grandes cascadas ante la sorpresa de tener de nuevo su piel contra la mía. Su olor me invadió y me sentí de nuevo en casa.
-Siento haberte hecho esperar, pero ya estamos juntos de nuevo y esta vez para siempre.. -Susurro estrechándome entre sus brazos. Entonces entendí lo de “para siempre”, hablaba totalmente enserio, estaríamos siempre juntos ahora que ambos nos encontrábamos en el mismo punto.
-Para siempre.. -Concluí mientras besaba su pecho, marcando aquello como el principio del fin.
Hizo un asentimiento y juntos avanzamos hacia la eternidad, donde nuestro amor seguiría siendo amor aunque nuestros cuerpos ya no nos perteneciesen.

Rehabilitación de un corazón. Segunda parte.

Me levanté de aquella cama en la más absoluta oscuridad de la noche.
Mi pecho se agitaba y ardía al mismo tiempo, a la velocidad de la luz.
Los jadeos se apoderaron de mí mientras yo intentaba encontrarme a mí misma. Tanteé el suelo congelado con las manos hasta que encontré el interruptor, encendí el flexo para alumbrar la pequeña habitación.
 Giré sobre mí misma un par de veces, intentando hallarme.. pero no me encontraba.
Una gran bola conocida para mí subió hasta mi garganta, empujándome hacia delante. Sabía lo que era eso, las ganas de desaparecer de allí.
Cerré los ojos con fuerzas mientras me apoyaba en la pared, intentando establecer de nuevo mis pensamientos pero se movían tan rápido que no me daba tiempo ni a leer su composición.
Me llevé las manos a la cabeza de forma inconsciente mientras mi corazón me golpeaba con fuerza el pecho hasta el punto en que comenzó a dolerme. Si quería salir de ahí lo iba a tener complicado.
Un pequeño grito es todo lo que salió de mis labios.
10 minutos después me encontraba sentada en una esquina, abrazada a mis propias piernas, mientras la habitación parecía girar alrededor de mí.. o era yo la que giraba, no lo tenía demasiado claro.
Hundí mi cabeza en las rodillas mientras su imagen inexistente me taladraba la cabeza.. como cada día desde hacía meses.

Rehabilitación de un corazón. Primera parte.

¡Qué te vayas!-grité con furia- ¡Desaparece!
Su imagen inerte me miraba desde la otra punta de la sala, con una sonrisa congelada.
Vete.. –mi voz se quebró antes de comenzar a llorar.
Me dejé caer de sobre el frío suelo y me ovillé durante horas en aquél lugar que parecía ser parte de otra galaxia.
Al despertar la luz fluorescente que entraba por las ventanas me cegaba. Me deslicé por el suelo hasta la zona donde aquella luz no entraba con tanta fuerza. Me topé con unos pies.
Sus pies, permanecía allí. Miraba al frente con la mirada fija en la nada mientras sus hoyuelos le daban vida a su rostro.
Asustada y jadeante retrocedí hasta la pared que estaba justo enfrente de mí, me abracé mis piernas y hundí mi rostro en éstas con la esperanza de que ya no estuviera ahí al abrir los ojos. La angustia se apoderó de mi cuerpo. ¿Qué era aquello? ¿Tal vez una broma de mal gusto?
Pero cuando los abrí permanecía allí, de nuevo.
Me acerqué a las ventanas hechas con algo parecido al aluminio, pero transparente que daban al exterior.
Intenté sacar la cabeza, asomarme y descubrí donde me encontraba, pero me di con aquel extraño material en la cabeza, pero al tacto era algo más parecido al plástico.
Los alrededores de aquella fría habitación se movían, o era donde yo me encontraba lo que se desplazaba.
Atónita, intenté descubrir el paisaje raramente familiar.
Todas las respuestas me golpearon la cabeza una detrás de otra.
El lugar por donde la habitación, su figura marmórea al otro lado de la estancia, y yo avanzábamos era el pasillo de mi casa.
Era una parte de mí la que caminaba, ya que la otra estaba dentro.
La gelidez de aquel sitio no era otra cosa que la sensación de mi corazón, en el cual yo estaba encerrada.
Le miré con los ojos empañados de lágrimas, presa de mí misma.

Entonces caí en la cuenta de que nunca se iría ya que él era la persona que seguiría clavada allí por los siglos de los siglos.

Nadie dijo que fuera fácil negarse.

Don't cry to me, if you loved me, you would be here with me!-gritaba una y otra vez, con la adrenalina hasta el cuello mientras recorría la larga estancia una y otra vez.
Fui a la terraza a pocos metros de mi vestidor. Miré mis dominios. Me pertenecía hasta donde mi vista alcanzaba, incluso lo que quedaba tras las grandes montañas que hacían frontera con Francia, todo era mío. Cada persona que habitaba allí me debía lealtad y fidelidad, todo estaba en mi mano, excepto una cosa: Mantener a mi amado sobrio durante más de una hora.
En la planta más baja de lo que se podría llamar mi habitación le escuchaba discutir con mis siervos. Él quería subir a disculparse bajo cualquier cosa, pero mandé orden de mantenerle lejos de mí.
Quería que al menos recapacitara durante un rato de lo que había hecho.
Me había hecho perder grandes sumas de dinero con sus carreras de caballos a las afueras del reino, como de costumbre.
Yo, la primera mujer que había obtenido el poder con todas las consecuencias y cargos que eso conlleva. Y en cambio él..
Un triste campesino que se hubiera muerto de hambre de no haber sido por que me robó el corazón con tan solo 12 años.
Irrumpió en la habitación de repente.
Sus largos cabellos color azabache se dejaban caer sobre sus fornidos hombros, su mirada era parecida a la de un león ante su presa, y sus puertas del aliento algo único y fascinante.
Me miró con seriedad mientras daba un portazo tras de sí.
-Yo.. perdóname-dijo mientras apoyaba la espalda en la puerta, sofocado. Seguramente se las habría tenido que ver para conseguir burlar a mis siervos.
-¿Por qué se supone que debo perdonarte, Jean?-me acomodé en los sillones decorados con seda de colores vivos.
-Porque no volverá a pasar-asintió en rotundo, seguro de sus palabras.
-¿He de creerte?
Sí-dijo con aplomo Jean.
Me levanté de los grandes sillones y me asomé de nuevo. El aire me golpeaba la cara con suavidad, cerré los ojos y susurré:
-Tal vez deberíamos dejar esto.. Estoy harta de las habladurías del pueblo.
-¿Me.. me dejarías?-su voz sonaba angustiosa.
Noté como se aproximaba hacia mí.
Me giré y le miré. No podía evitar perderme en aquellos ojos que parecían trasladarme al mismo corazón del mar.
-Tal vez.
-No, no, no, no, no puedes hacerme eso Alexandra yo.. yo te amo.
-Pero a veces eso no es suficiente..-mi voz se quebró al final. En un intento de devolver mi carácter de hierro a su sitio apreté los labios y finalicé- Abandona la habitación o mandaré a la guardia a subir.
Tal vez me estaba pasando en llevar aquello tan lejos, pero en aquél momento el odio era el 98% de mí, no había lugar para la compasión, cariño o ni siquiera el amor.
Aparté la mirada intentando no mirarle, pero oía los latidos de su corazón, frenéticos.
Se arrodilló ante mí rápidamente, con los ojos llorosos y sacó una caja de terciopelo de color púrpura. La abrió y dentro había un sencillo pero delicado anillo de oro blanco con pequeños diamantes engarzados.
-Lo he hecho yo mismo.. -murmuró.
Aquello había terminado con mi intento de mantenerme firme, rompí a llorar antes de abrazarle.
-Me complicarás la vida, lo sé.

No existe el control.

La lluvia caía con fuerza sobre el asfalto humedecido por dos días de lluvia.
No llevaba paraguas ni un chubasquero, únicamente una sudadera negra lo bastante gorda para que no me calara. Llevaba la capucha echada y mis cascos ataviados en mis orejas.
En mi oído gritaba con fuerza Corey Taylor el estribillo de nuevo:
“I don’t close my eyes”.
Intenté llevar todo el camino canciones lo suficientemente duras y fuertes para no hacerme pensar, pero la voz de Corey me era demasiado familiar como para mantenerme distraída.
Puse una canción que me habían recomendado que meti por casualidad. Era un grupo que sólo sabía gritar al ritmo de una batería y una guitarra eléctrica.
Entré en un pequeño supermercado, cogí un par de cosas y esperé pacientemente la cosa.
Cuando me disponía a sacar el dinero del bolsillo saltó el aleatorio del ¡pod y comenzó a sonar “El tanto de Roxanne”.
Deposité con rapidez el dinero en el mostrador mientras en mi pecho se abría una segunda dimensión hacia el abismo más insoportable jamás creado.
Me apresuré a salir. La lluvia me recibió con más fuerza que antes. Las calles comenzaban a quedarse a solas y ya había oscurecido.
Sin pensármelo crucé sin ni siquiera mirar.
Todo pasó muy rápido.
De repente unas luces me cegaron a la vez que un pitido resonante que no venía de mis cascos me invadía. En milésimas de segundo me giré para ver que era cuando ya tenía el coche encima.
Frenó a escasos dos centímetros de mi.
Me quedé petrificada, de pie, sin ni siquiera poder pestañear, y mucho menos, respirar.
Se oyó un portazo y de repente unos brazos me tocaban con cuidado los brazos.
-¡Eh!, ¿estás bien?-decía una voz sofocada a mi lado mientras intentaba salir del shock.
No contesté.
-Joder, lo siento, no te he visto chica, ¿estás bien?-vi por el rabillo del ojo como el joven me examinaba con la mirada- Si estás mal puedo avisar a alguien y podemos llevarte a..
-No, no.. –comencé a negar con la cabeza tantas veces como pude, mascullé con la voz quebrada y seca- Estoy bien, gracias.. Y, perdona por no haber mirado.
No miré su rostro, por que sabía que si le veía, me sentiría peor por ser una inconsciente.
Dos minutos después entraba por mi casa con una sonrisa de suficiencia mientras miraba a mi madre intentando aparentar que no había pasado nada.

I need to disappear.

Comienza el espectáculo.
La música retumba en el suelo. Te vibran los pies. Sientes cosquillas en las palmas de las manos. Te sientes bien. Vivo. Fuerte. La muchedumbre aclama tu nombre. Todos te conocen. Todos te quieren. Eres el mejor. El mejor que jamás ha existido antes. O al menos eso es lo que tú piensas. Te tienen rodeado. Pero eso no importa, ¿verdad? Es perfecto. Nunca dejarían que nada te pasara nada. Te falta el aire. Decides avanzar tan sólo un paso. Se enfadan. No debes hacer eso. ¡Está prohíbido! Tienes que estar en la línea que ellos han marcado. Ni un paso delante, ni uno detrás. Te tiran. Te pisan. Te asfixian. Ahora tan sólo deseas que desaparezcan. Pero pasan sobre tí. Pisándote. No entiendes por que tienen que hacerlo. Pero les encanta. Y no piensan parar. Quieres desaparecer. Huir. Dejar de existir. Desaparecer. Pero no van a permitirlo. Tú eres su juego. Ha sido tu culpa. Tú has estado en su círculo. Te conocen. Saben tus puntos débiles. Y jamás te dejarán ir. Les perteneces. Eres su muñeco. Su muñeco. Su muñeco. Te has convertido en el muñeco de la sociedad.
No hay salida.

Eyes on fire.

Dicen que somos dos en un sólo cuerpo, y ahora que lo pienso llevan razón.
Ella llora de amargura por que no entiende la vida, y yo río a carcajadas por que la vida me hace gracia. Ella está encerrada en un cristal, y yo soy tan libre que a veces me encarcelan. Ella gime de placer, y yo gimo por no poder estar allí. Ella es perfecta, y yo soy perfectamente imperfecta. Ella guarda los modales, y yo doy vueltas hasta que me guardan de nuevo en la caja de embalaje. Ella es sensible y sosegada, y espera su momento, yo corro a la velocidad de la luz para encontrar la sensibilidad en algún lugar. Ella escucha música para sentirse viva, y yo hago que la música vuelva a la vida. Ella ha enloquecido por sentir lo que debería ser mi dolor, y yo he quedado insensible de tanto amar. Ella se da cabezazos contra la pared por que el pecho le arde, por que las heridas nunca le cicatrizarán y desearía escapar, y yo únicamente la miro intentando entender qué son los sentimientos.
Somos dos personas totalmente distintas metidas en un cuerpo, cuando ella está cansada de mostrarse al público cambiamos las tornas y ella se pone detrás, y yo delante.
Yo soy ella, y ella es yo. Somos una turnándolos por el poder de un cuerpo.

More memories, more, more..

Abrir los ojos. Encontrarle. El temblor de las piernas sacude el cuerpo. Apretar los labios e intentar centrar la mente. La locura del corazón que retumba en los oídos. Ven. Viene. Un primer beso que se presenta suave. Y un segundo beso que se presenta deseoso de más. Una separación momentánea. La electricidad de sus ojos marrones hacen que se pierda el norte. Parpadear rápido para hallarte. Volver a besar. Besar. Besar. Besar. Lamerle la cara. Las mejillas. Los labios. Primer mordisco. ¡Ah! ¿Te ha dolido? No importa. Sigue. Caricias revoltosas que se enredan en la piel. Un peso sobre ti. Y la primera prenda que se despeña hacia el suelo. La vista alcanza a su piel. ¿Su piel? No se sabe que es qué. Respiraciones frenéticas. Y prendas que se acumulan en el suelo. Manos incansables. Dos perfectas piezas creadas únicamente para encajar entre sii. Mirarle. Susurros intangibles. Una palabra que vale más que toda una humanidad. Te amo. los más largos que había vivido. Perder el sentido de la cordura. 1+1; 1.

Demasiada dosis y estoy empezando a tener una atracción.

Es como.. un abismo, ¿un abismo? Sí, un abismo enorme. Todo el mundo echa pestes de ese lugar, pero cuando entras es nuevo, reluciente y te atrae como un gran imán del polo opuesto. ¿Te puedes negar? Imposible. Dedícate a acariciarlo y a estar dentro de él, por que allí todo el mundo te quiere, todos te protegen, tú eres una estrella.. ¡No te vayas jamás de aquí! Es lo que canturrean todo el mundo a coro.
¿Pero y si descubres que ese sitio te quita poco a poco la energía? ¿Y si descubres que ya no te dejan salir al exterior? ¿Y si todo el mundo grita al unísono que está prohibido ver la luz del día? ¿Seguirías allí? ¿Y ese sitio es tu única fuente de energía?
¿Qué hacer?

Hasta en la oscuridad se veía luz.

Aquello que te estaba ocurriendo era la suerte de tu vida, no, yo creo que algo más que eso. La suerte de la existencia que pudiera tener cualquier persona.
Había caído en tus manos que aquella persona tan distinta, la persona que solo se encuentran entre un millón estuviera enamorada de ti, y casualmente, tú de ella.
No puedes pensar con claridad, es imposible.
¿Qué hay que pensar?
Nada, eso es. Nada. Sólo disfrutar. Apretarla contra ti. Disfrutar con ella.
El brillo de su sonrisa, la carnosidad perfecta de sus labios, la tonalidad de su piel, esos ojos salido de quién sabe donde.
Ya puede ser la cosa más horrenda sobre la faz de la tierra, pero para ti es perfecta.
La amas, con todo tu ser. Y no te importa nada.
Pero entonces ocurre lo que no querías ni pensar.
Ocurre aquello en que te negabas a pensar las noches que no estaba a tu lado, aquello que con el simple hecho de que rozara tu mente hacía que se te abriera dimensiones de otros mundos en tu pecho.
Ocurre. Y no puedes admitirlo.
Aquello a lo que te habías agarrado.. Desaparece.
¿Qué queda?
Llévalo.. Sólo eso, llévalo. Ni bien ni mal. Sólo, mantenerlo ahí.
Te da pena incluso morirte, no quieres que eso que vive en tu cabeza desaparezca.
Y tampoco seguir así. No sabes qué hacer.
¿Acaso hay solución?
Sí, teñirlo todo con una manta de espesura que haga que el dolor no te barra como si fueras una triste pelusa más en un desierto.

¿No luz? No miedo.

Sales a la superficie después de meses hundida en lo más hondo que puedas imaginar. Hundida en un lugar donde todo es calor y oscuridad, donde no existe el miedo, donde nada duele, pero tampoco tiene sentido existir, donde no existe el peligro.
De repente te ves allí arriba, en un lugar desconocido, donde todo es color. ¿Y la oscuridad? Ha desaparecido. Nunca más la verás si permaneces aquí.
Tienes la felicidad a escasos centímetros, sólo tienes que cogerla entre los dientes, morderla, y hacer que el sabor a vida navegue por tu boca. Sólo eso.
Pero.. Aquí arriba sí existe el miedo. Te pueden destruir con suma facilidad, te puedes perder y no encontrarte jamás, puedes conocer el dolor, lo que allí abajo se cubre con una manta de aturdimiento constante.
Quieres bajar.. Comienzas a agobiarte. Todo esto es tan peligroso y estúpido.
Necesitas volver a bajar, bajar tan hondo que nadie te vea. Escondida de nuevo. ¡Necesito salir de aquí!
No tengo miedo.
No tengo miedo.
No tengo miedo.
No tengo miedo.
No tengo miedo.
Mierda. Sí, sí tengo miedo.

No tengo muy claro donde, pero tengo sentimientos.

¿Amar?, ¿querer?, ¿desear?, ¿sentir?..
¿Qué coño se siente cuando pierdes la mitad de tí?..
¿Qué se supone que se debe hacer cuando lo que te mantiene en pie..desaparece?
¿Qué?
¿Dónde pone eso? ¡Por qué yo esa parte no la he leído!
¿Se..puede dejar a la persona que quieres sin más?
¿Se..puede decir adiós y esperar que la otra persona siga con vida?

Past.

Respirar hondo. Soltar el aire por la nariz. Fijar la mirada en sus labios. Relamerse los propios con disimulo. Esperar el suave balanceo del otro. Abrir los labios lo suficiente. Atrapar su labio inferior entre los propios. Tirar. Apretar. Cambiar los labios por los dientes. Escuchar su quejido. Sentirte satisfecha. Abrir los ojos. Mirarle. Y.. enamorarte.

Como besar una dinamita.

Ha sido algo parecido a.. pasar por un campo de minas, yo ya sabía lo que había, muchísimo antes de incluso entrar. Me dijiste que esta vez no, que no habría ninguna que explotara, pero mentiste. Al igual que mentiste en ir a buscarme y arrastrarme hasta aquí, todo se basa en algo; mientes demasiado bien.

Only there's a possibility.

Después de aquella aclaración, corrí hacia el cuarto de baño, como una idiota intentando controlar las pulsaciones, pero ellas, iban a su ritmo, tan alocadas como siempre.
Cerré la puerta tras de mí, intentando no hacer ruido. El ruido vino al pegar mi espalda en la puerta y dejarme caer por ella. Una vez allí, la vida se veía mucho mas miserable que desde una altura humana.
Mi cabeza era algo similar a una licuadora con ingredientes que no tenían nada que ver, mezclándose por un simple experimento de alguien sin escrúpulos.
Abrí los ojos después de un largo rato intentando hallarme, pero en lugar de eso me vine abajo. Rompí a llorar, como un recién nacido que ve por primera vez la luz. El aire no llegaba a mis pulmones, la sangre bajo la piel de los labios me ardía y su recuerdo grabado con fuego en mi mente me destrozaba. Una combinación explosiva.
El murmullo del televisor se oía lejano, y recordé que le había dicho a mi madre que me estaba duchando, así que a duras penas, me levanté del suelo congelado y tuve que enfrentarme contra mí misma. Mi reflejo en el espejo.
Mi pelo enmarañado a un lado, el lápiz de ojos fluía con mis lágrimas por mis mejillas, los labios ojos y nariz de un rojo intenso que contrastaban de forma extrañamente buena con mi tono pálido. Fruncí el ceño ante aquella estampa, y acto seguido solté un jadeo, ahogado al pensar en todo lo que quedaba a mis espaldas, sacudí la cabeza, en un intento sin éxito de salir de aquellos pensamientos.
Abrí los grifos, me desvestí y me metí en la bañera, el agua ardía pero al chocar contra mi piel me daba la sensación de que eran cubitos de hielo. La puse más caliente aún pero me dí cuenta que era mi cuerpo lo que fallaba. Las piernas no me ayudaban demasiado, así que puse el tapón y me senté en el suelo de la bañera.
Me ovillé por que de otra manera mi cuerpo se congelaba.
Al cabo de incontables minutos debajo del agua caliente mis músculos se relajaron, y yo me sentí algo más persona. Me lavé rápidamente el pelo, me aclaré y acto seguido no quedó otra que ponerme de pie. Al mirar mi cuerpo descubrí una marca intachable de borrar en mi pecho, con permanente. Sabía que el problema no sería sacar la tinta de mi piel, sino borrar lo que había bajo mis tejidos.

Probabilidades.

Tenía miedo, por que pensaba que nunca me dejarían escapar, y ese sería el problema en esto. Pero ese no era el verdadero problema, el problema vino cuando somos tú y yo los que hacemos que esto tenga problemas.
Supongo que tiramos demasiado fuerte de la cuerda, tú te quedaste con la cuerda en la mano y yo caí puente abajo.
Tal vez no te vuelva a amar.
Tal vez me vuelva loca por no tenerte y olvide que cierto día te amé.
Tal vez puede que no vuelva a amar, y tú hayas sido lo último que sentí.
Tal vez puede que te siga amando el resto de mis días, como el primer día lo hice.
Lo último es lo más probable.

Bury all your secrets on my skin.

Echo de menos las tardes en que nos tumbábamos en mi cama y nos mirábamos durante horas, echo de menos que me susurraras una y otra vez la misma canción al oído, echo de menos tu sonrisa agotada dos minutos antes de quedarte dormido frente mí, echo de menos que me llevaras obligada a la playa, a sabiendas que no me gusta, echo de menos que secaras cada una de mis lágrimas con suma paciencia y que luego te llevaras el dedo a la boca, echo de menos que.. echo de menos tu aliento cálido en las noches más frías, echo de menos el miedo a que alguien nos viera, echo de menos tus impresionantes ojos negros, salidos de.. quién sabe donde, echo de menos llevarme una mano al bolsillo del pantalón y encontrar una nota tuya que ponga: “Te amo”, echo de menos tus dedos calientes sobre mi piel gélida, dibujando formas sin sentido, te echo de menos a ti, a esa parte de ti que te hace imprescindible, esa parte que hace que cada célula, tejido, hueso o masa de mi cuerpo esté locamente enamorada de ti.

sábado, 16 de abril de 2011

¿Cómo sobrevivir? Parte 1.

Erzsébet se encontraba en un día normal y corriente de su vida desde hacía ya tres años. Desde la muerte de sus padres, vivía sola en la casa que su abuela materna le había dejado como herencia al enterarse de la muerta de éstos. Durante todo este tiempo, había vivido con pánico. Con el pánico más asfixiante que cualquier persona pueda imaginar. Se quedó sola en éste mundo, con problemas respiratorios al haber recibido un balazo que le perforó uno de los pulmones por completo. No le quedó otra que aprender a defenderse, aprender a vivir por su propia mano, y aprender que la soledad era su única amiga. No podía confiar en nadie, absolutamente en nadie. Nunca iba dos veces a comprar al mismo supermercado, nunca hacía trayectos largos sin la revisión de ir en su coche supervisándolo todo, nunca habló con nadie más de lo simple por si ésa persona era de la mafia que la estaban buscando. Tenía que ser ágil, rápida, veloz, tan sólo un murmullo en el aire, que nadie la recordara, tan sólo un rostro más sin importar la desmesurada belleza de su rostro. No había día que saliera a la calle -cosa que no era demasiado habitual- que no terminara escondida en un callejón, o deslizándose bajo un coche si notaba que alguien la había estado siguiendo.
Pero para ser ciertos.. no era miedo lo que tenía, no. Era más bien el orgullo de no morir en las mismas manos que mataron a sus padres. Preferiría tirarse a las vías del tren y morir atropellada que recibir la muerte más dulce en manos de ésas personas sin alma.
Según se decía a sí misma, ella tampoco tenía alma, no tenía nada en su interior, tan sólo era un cuerpo que intentaba sobrevivir lo mejor posible y buscar a los culpables.
La idea del suicidio le había rondado por la cabeza un millón de noche, sin tregua. Pero se prometió, que algún día, no demasiado lejano,  mataría al capo de la familia que asesinó a sus padres y a su asistenta-la cual siempre consideró una segunda madre.-