miércoles, 20 de abril de 2011

No tengo muy claro donde, pero tengo sentimientos.

¿Amar?, ¿querer?, ¿desear?, ¿sentir?..
¿Qué coño se siente cuando pierdes la mitad de tí?..
¿Qué se supone que se debe hacer cuando lo que te mantiene en pie..desaparece?
¿Qué?
¿Dónde pone eso? ¡Por qué yo esa parte no la he leído!
¿Se..puede dejar a la persona que quieres sin más?
¿Se..puede decir adiós y esperar que la otra persona siga con vida?

Past.

Respirar hondo. Soltar el aire por la nariz. Fijar la mirada en sus labios. Relamerse los propios con disimulo. Esperar el suave balanceo del otro. Abrir los labios lo suficiente. Atrapar su labio inferior entre los propios. Tirar. Apretar. Cambiar los labios por los dientes. Escuchar su quejido. Sentirte satisfecha. Abrir los ojos. Mirarle. Y.. enamorarte.

Como besar una dinamita.

Ha sido algo parecido a.. pasar por un campo de minas, yo ya sabía lo que había, muchísimo antes de incluso entrar. Me dijiste que esta vez no, que no habría ninguna que explotara, pero mentiste. Al igual que mentiste en ir a buscarme y arrastrarme hasta aquí, todo se basa en algo; mientes demasiado bien.

Only there's a possibility.

Después de aquella aclaración, corrí hacia el cuarto de baño, como una idiota intentando controlar las pulsaciones, pero ellas, iban a su ritmo, tan alocadas como siempre.
Cerré la puerta tras de mí, intentando no hacer ruido. El ruido vino al pegar mi espalda en la puerta y dejarme caer por ella. Una vez allí, la vida se veía mucho mas miserable que desde una altura humana.
Mi cabeza era algo similar a una licuadora con ingredientes que no tenían nada que ver, mezclándose por un simple experimento de alguien sin escrúpulos.
Abrí los ojos después de un largo rato intentando hallarme, pero en lugar de eso me vine abajo. Rompí a llorar, como un recién nacido que ve por primera vez la luz. El aire no llegaba a mis pulmones, la sangre bajo la piel de los labios me ardía y su recuerdo grabado con fuego en mi mente me destrozaba. Una combinación explosiva.
El murmullo del televisor se oía lejano, y recordé que le había dicho a mi madre que me estaba duchando, así que a duras penas, me levanté del suelo congelado y tuve que enfrentarme contra mí misma. Mi reflejo en el espejo.
Mi pelo enmarañado a un lado, el lápiz de ojos fluía con mis lágrimas por mis mejillas, los labios ojos y nariz de un rojo intenso que contrastaban de forma extrañamente buena con mi tono pálido. Fruncí el ceño ante aquella estampa, y acto seguido solté un jadeo, ahogado al pensar en todo lo que quedaba a mis espaldas, sacudí la cabeza, en un intento sin éxito de salir de aquellos pensamientos.
Abrí los grifos, me desvestí y me metí en la bañera, el agua ardía pero al chocar contra mi piel me daba la sensación de que eran cubitos de hielo. La puse más caliente aún pero me dí cuenta que era mi cuerpo lo que fallaba. Las piernas no me ayudaban demasiado, así que puse el tapón y me senté en el suelo de la bañera.
Me ovillé por que de otra manera mi cuerpo se congelaba.
Al cabo de incontables minutos debajo del agua caliente mis músculos se relajaron, y yo me sentí algo más persona. Me lavé rápidamente el pelo, me aclaré y acto seguido no quedó otra que ponerme de pie. Al mirar mi cuerpo descubrí una marca intachable de borrar en mi pecho, con permanente. Sabía que el problema no sería sacar la tinta de mi piel, sino borrar lo que había bajo mis tejidos.

Probabilidades.

Tenía miedo, por que pensaba que nunca me dejarían escapar, y ese sería el problema en esto. Pero ese no era el verdadero problema, el problema vino cuando somos tú y yo los que hacemos que esto tenga problemas.
Supongo que tiramos demasiado fuerte de la cuerda, tú te quedaste con la cuerda en la mano y yo caí puente abajo.
Tal vez no te vuelva a amar.
Tal vez me vuelva loca por no tenerte y olvide que cierto día te amé.
Tal vez puede que no vuelva a amar, y tú hayas sido lo último que sentí.
Tal vez puede que te siga amando el resto de mis días, como el primer día lo hice.
Lo último es lo más probable.

Bury all your secrets on my skin.

Echo de menos las tardes en que nos tumbábamos en mi cama y nos mirábamos durante horas, echo de menos que me susurraras una y otra vez la misma canción al oído, echo de menos tu sonrisa agotada dos minutos antes de quedarte dormido frente mí, echo de menos que me llevaras obligada a la playa, a sabiendas que no me gusta, echo de menos que secaras cada una de mis lágrimas con suma paciencia y que luego te llevaras el dedo a la boca, echo de menos que.. echo de menos tu aliento cálido en las noches más frías, echo de menos el miedo a que alguien nos viera, echo de menos tus impresionantes ojos negros, salidos de.. quién sabe donde, echo de menos llevarme una mano al bolsillo del pantalón y encontrar una nota tuya que ponga: “Te amo”, echo de menos tus dedos calientes sobre mi piel gélida, dibujando formas sin sentido, te echo de menos a ti, a esa parte de ti que te hace imprescindible, esa parte que hace que cada célula, tejido, hueso o masa de mi cuerpo esté locamente enamorada de ti.

sábado, 16 de abril de 2011

¿Cómo sobrevivir? Parte 1.

Erzsébet se encontraba en un día normal y corriente de su vida desde hacía ya tres años. Desde la muerte de sus padres, vivía sola en la casa que su abuela materna le había dejado como herencia al enterarse de la muerta de éstos. Durante todo este tiempo, había vivido con pánico. Con el pánico más asfixiante que cualquier persona pueda imaginar. Se quedó sola en éste mundo, con problemas respiratorios al haber recibido un balazo que le perforó uno de los pulmones por completo. No le quedó otra que aprender a defenderse, aprender a vivir por su propia mano, y aprender que la soledad era su única amiga. No podía confiar en nadie, absolutamente en nadie. Nunca iba dos veces a comprar al mismo supermercado, nunca hacía trayectos largos sin la revisión de ir en su coche supervisándolo todo, nunca habló con nadie más de lo simple por si ésa persona era de la mafia que la estaban buscando. Tenía que ser ágil, rápida, veloz, tan sólo un murmullo en el aire, que nadie la recordara, tan sólo un rostro más sin importar la desmesurada belleza de su rostro. No había día que saliera a la calle -cosa que no era demasiado habitual- que no terminara escondida en un callejón, o deslizándose bajo un coche si notaba que alguien la había estado siguiendo.
Pero para ser ciertos.. no era miedo lo que tenía, no. Era más bien el orgullo de no morir en las mismas manos que mataron a sus padres. Preferiría tirarse a las vías del tren y morir atropellada que recibir la muerte más dulce en manos de ésas personas sin alma.
Según se decía a sí misma, ella tampoco tenía alma, no tenía nada en su interior, tan sólo era un cuerpo que intentaba sobrevivir lo mejor posible y buscar a los culpables.
La idea del suicidio le había rondado por la cabeza un millón de noche, sin tregua. Pero se prometió, que algún día, no demasiado lejano,  mataría al capo de la familia que asesinó a sus padres y a su asistenta-la cual siempre consideró una segunda madre.-